Proyecto
Maíces y frijoles nativos: diversidad, manejo, productividad, conservación y aportes a la salud y sustentabilidad alimentaria

Frente a los crecientes escenarios de variación climática, los agroecosistemas tradicionales representan un pilar fundamental para nuestra seguridad y soberanía alimentaria. Este proyecto de investigación, coordinado por El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) a través del Laboratorio de Ecofisiología Vegetal y Sistemas Agroforestales (LEVSA) en la Unidad Villahermosa, y con apoyo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), busca evaluar, comprender y potenciar el manejo y la productividad de las variedades nativas de maíz y frijol, así como sus aportes nutricionales a la productores consolidando a la milpa mesoamericana como modelo de sustentabilidad agrícola y biocultural.

El Maíz y el frijol en México

El maíz como lo conocemos hoy en día, se originó a través del manejo y selección del Teocintle; a través de la domesticación de este, cuyo inicio fue por lo menos hace 9,000 años, hoy en día en México se encuentran 64 razas de maíz, de las cuales 59 son consideradas como nativas (Conabio, 2020; Rosado y Serrano, 2021), que se distribuyen y utilizan a lo largo del país, desde los cero hasta los 3 400 metros sobre el nivel del mar y, por tanto, bajo un gran contraste de condi­ciones socioculturales y ambientales (altitud, temperatura, precipitación, humedad), edáficas (profundidad del suelo, presencia de pedregosidad, in­clinación, etc.; Conabio, 2015, 2020).

Esta alta variabilidad, junto con el manejo de los agricultores, ha dado origen a gran cantidad de variedades dentro de estas razas, que han carecido de la atención necesaria a pesar de que el maíz es considerado la base de la alimentación de la población mexicana, y por tanto, tiene una alta relevancia en la sustentabilidad alimentaria en el país.

De manera similar, si bien México es centro de origen, domesticación y diversidad genética del género Phaseolus, hay poca información sobre las variedades de frijoles nativos existentes, así como los aportes que pueden brindar al sistema productivo y a la dieta de los agricultores.

Por ejemplo, hay una subutilización de variedades que maximicen la fijación de nitrógeno en suelo, cuyo uso podría reducir la dependencia de fertilizantes químicos, incrementar la productividad de cultivos asociados, conservar la fertilidad del suelo y mejorar la disponibilidad de alimentos balanceados para los productores.

Entender a detalle la interacción suelo-planta puede ayudar a ofrecer alternativas económicas y sustentables que ayuden a reducir del uso de insumos sintéticos y promover sistemas de cultivo resilientes.

Algunos estudios han documentado que el maíz producido en policultivos, es decir en sistemas como la milpa en donde se acompaña de frijol, calabaza y otras plantas, puede proveer hasta el 65% de la proteína y el 71% de las calorías consumidas por los campesinos mexicanos. Sin embargo, la información sobre los aportes nutricionales que maíces y frijoles nativos brindan a la población es escasa, a pesar de ser elementos primarios en la dieta de los agricultores mesoamericanos quienes los producen bajo el sistema milpa, en la mayoría de los casos.

A este vacío de conocimiento se suma la creciente sustitución de estas semillas tradicionales por híbridos comerciales, impulsada, entre otras cosas, por dinámicas que priorizan el rendimiento agrícola sobre la calidad alimentaria. El consumo conjunto de maíces y frijoles nativos conforma una mancuerna nutricional donde los aminoácidos deficientes en un cultivo son compensados por el otro. Documentar detalladamente este perfil fisicoquímico es urgente para frenar la pérdida de nuestro patrimonio biocultural y revalorar su papel insustituible en la salud pública.

Las variedades nativas

Una variedad nativa (también conocida como criolla) es una población (de maíz, frijol o calabaza, por ejemplo) que ha sido cultivada, seleccionada y preservada de forma tradicional por agricultores locales a lo largo de generaciones en una región geográfica específica. A diferencia de las variedades comerciales, híbridas o transgénicas, las variedades nativas son el resultado de un proceso de domesticación que combina la selección natural (adaptación al entorno) con la selección humana (preferencias de los agricultores). Las variedades nativas tienes algunas características clave como:

Adaptación
local

Están adaptadas a condiciones específicas de suelo, clima y prácticas agrícolas de su lugar de origen. Esto las hace altamente resilientes y capaces de producir en condiciones difíciles para las variedades modernas.

Diversidad genética

Poseen una enorme y amplia base genética. Dentro de una misma parcela, las plantas no son genéticamente idénticas, lo que les otorga una mayor estabilidad frente a plagas, enfermedades y cambios en el clima.

Selección Continua

Los agricultores seleccionan año con año las mejores semillas que son almacenadas para la siguiente siembra, permitiendo que la variedad siga evolucionando junto con su entorno y las necesidades culturales.

Identidad
cultural

Estas variedades están fuertemente ligadas a la historia, gastronomía y cosmovisión de los agricultores y las comunidades que las custodian. Tienen nombres locales y usos culinarios y ceremoniales específicos.

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